En Japón, además de dormir en finas esteras de tatami, el hábito de quedarse dormido en público o en el trabajo se considera como “una muestra de lo cansada que está una persona de trabajar tan duro”. Si bien es ciertamente un síntoma de una cultura con exceso de trabajo, también es un lujo en algunos aspectos. Debido a la baja tasa de criminalidad del país, los viajeros japoneses generalmente pueden dormir en el metro sin preocuparse por el robo de sus pertenencias.

Más allá de Asia, la práctica de “siestas al aire libre” en los países escandinavos es otra peculiaridad cultural. Muchos padres llevan a sus bebés y niños pequeños a dormir afuera en el invierno, incluso a temperaturas de hasta 20 grados Fahrenheit. Esto se debe a que se cree que el aire fresco los mantiene saludables y evita enfermedades. También creen que las siestas al aire libre mejoran la calidad y la duración de su sueño.

En Australia, las comunidades aborígenes se dedican al “sueño grupal”, fiestas de pijamas esencialmente grandes, pero con un propósito más práctico. “Las camas o colchones están alineados en una fila con las personas más fuertes durmiendo en los extremos, protegiendo a los niños pequeños o ancianos en el medio”.